…y no es que lo digamos nosotros, es que el mismo Leonardo da Vinci lo afirmaba allá por 1490 en un tratado sobre buenas maneras en la mesa…

El libro en cuestión se llama “Códex Romanoff II” y en él, el genio del renacimiento hacía una serie de reflexiones sobre el buen comportamiento de los comensales a la hora de menear el bigote en la mesa de su señor y mecenas Ludovico Sforza. Leonardo era un hombre multitareas: lo mismo te diseñaba una máquina voladora, que te pintaba una monalisa, componía una oda, o investigaba sobre los misterios del cuerpo humano. Un tipo inquieto, vamos. Como investigador natural, la cocina no iba a ser un campo que escapase a su interés, y plasmó una serie de reflexiones en el “Códex Romanoff” muy interesantes.

Una de las cosas que llaman la atención es que el bocadillo, cuya invención atribuimos a los ingleses, ya rondaba la cabeza de da Vinci hace más de 500 años. El le llamó “pan con sorpresa”, y hablaba así del asunto en su libro:

Me he puesto a pensar en tomar un trozo de pan y colocarlo entre dos pedazos de carne, mas ¿cómo deberé llamar este plato

Como veréis, la idea del bocadillo estaba bien definida, pero andaba un poco despistado respecto al orden de las capas. En otro párrafo parece que solventa el problema, cosa que agradecemos infinito las generaciones posteriores:

¿Y si dispusiera la carne entre dos trozos de pan?.

Pues si… La verdad es que tiene bastante mejor pinta de esta manera. Leonardo, totalmente inspirado y con las bases del bocadillo ya asentadas para la posteridad se suelta la melena y da rienda suelta a su imaginación de genio pensando en ingredientes de relleno:

La rebanada de carrillo de buey deberá ir entre sendos pedazos de pan y no al revés. Será un plato como no se ha visto nunca antes en la mesa de mi señor Ludovico Sforza. Ciertamente, se podría disponer toda suerte de cosas entre los panes: ubres, testículos, orejas, rabos, hígados. Los comensales no podrán observar el contenido al entrarle con sus cuchillos

Parece ser que en vez de decantarse por  salami o mortadela, da Vinci prefería  ingredientes de casquería, que formaban parte del menú habitual de la casa de su señor. Así, ya con el bocadillo inventado, Leonardo escribe una frase que debería haber pasado a la historia como el “Eureka” de Arquímedes, o el “Anoche tuve un sueño” de Luther King

Lo llamaré por esta razón, pan con sorpresa

Y nosotros que te lo agradecemos, Leonardo…  Ahora prestad mucha atención al texto que viene a continuación. En él, da Vinci encuentra irritante la costumbre de su señor de ¡atar conejos! a la mesa para que los comensales limpien sus manos en ellos:

Servilleta del medievo

La costumbre de mi señor Ludovico de amarrar conejos adornados con cintas a las sillas de los convidados a su mesa, de manera que puedan limpiarse las manos impregnadas de grasa sobre los lomos de las bestias, se me antoja impropio del tiempo y la época en que vivimos. Además, cuando se recogen las bestias tras el banquete y se llevan al lavadero, su hedor impregna las demás ropas con las que se lava

Así que nuestro genio pone el coco a trabajar,e  inventa un paño individual para cada comensal, en el que limpiar sus manos y cuchillos en vez de en un mantel, y mucho menos en el lomo de un pobre conejo. Y así nace la servilleta, pero comprobaréis en el tronchante informe que redactó el embajador florentino en Milán Pietro Alemanni, como el invento no fue demasiado bien ententendido:

Últimamente ha descuidado sus esculturas y geometría y se ha dedicado a los problemas del mantel del señor Ludovico, cuya suciedad -según me ha confiado- le aflige grandemente. Y en la víspera de hoy presentó en la mesa su solución a ello, que consistía en un paño individual dispuesto sobre la mesa frente a cada invitado destinado a ser manchado, en sustitución del mantel. Pero con gran inquietud del maestro Leonardo, nadie sabía cómo utilizarlo o qué hacer con él. Algunos se dispusieron a sentarse sobre él. Otros se sirvieron de él para sonarse las narices. Otros se lo arrojaban como por juego. Otros, aún envolvían en él las viandas que ocultaban en sus bolsillos y faltriqueras. Y cuando hubo acabado la comida, y el mantel principal quedó ensuciado como en ocasiones anteriores, el maestro Leonardo me confió su desesperanza de que su invención lograra establecerse

Parece que la corte no se lo ponía demasiado fácil a Leonardo, que se desesperaba seguramente pensando que había echado margaritas a los cerdos, pero aún así no se rindió, y publicó la que seguramente es la lista de comportamiento a la mesa más bizarra y estrafalaria que leeréis en la vida. La próxima vez que pongáis los ojos en blanco y suspiréis: “coooomo me gustaría haber vivido en la época del renacimiento”, recordad esta lista, y hacéos una idea de como sería el resto de la vida por extensión:

 

* Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a la mesa, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.
* Tampoco ha de poner la pierna sobre la mesa.
* Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en ningún momento.
* No debe poner la cabeza sobre el plato para comer.
* No ha de tomar comida del plato de su vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.
* No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.
* No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.
* Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa.
* No ha de limpiar su armadura en la mesa.
* No ha de tomar la comida de la mesa y ponerlo en su bolso o faltriquera para comerla más tarde.
* No ha de morder la fruta de la fuente de frutas y después retornar la fruta mordida a esa mismo fuente.
* No ha de escupir frente a él.
* Ni tampoco de lado.
* No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.
* No ha de hacer ruidos de bufidos ni se permitirá dar codazos.
* No ha de poner los ojos en blanco ni poner caras horribles.
* No ha de poner el dedo en la nariz o en la oreja mientras está conversando.
* No ha de hacer figuras modeladas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor así se lo pida).
* No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.
* Ni tampoco serpientes ni escarabajos.
* No ha de tocar el laúd o cualquier otro instrumento que pueda ir en perjuicio de su vecino de mesa (a menos que mi señor así se lo requiera).
* No ha de cantar, ni hacer discursos, ni vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si está sentado junto a una dama.
* No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor).
* No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.
* Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.
* No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia).
* Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.

Bueno amigos, espero que hayáis disfrutado tanto de este post como yo recopilando la información para escribirlo. No sabemos que hubiese hecho Leonardo da Vinci con nuestras conservas, pero me apuesto lo que sea a que se hubiera llevado el concurso de calle. Eso si,  cambiando la ubre por bonito del norte en su pan con sorpresa….

 

 

 

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